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¿De vuelta el fantasma de la huelga en la MLB?

Los fuertes son cada vez más fuertes y los débiles cada vez más débiles

 “Eso es algo que deberíamos abordar, para que no haya más equipos como Miami Marlins haciendo esto. Tal vez es un ajuste para nosotros, como para el sindicato de jugadores. Tal vez tenemos que ir a la huelga, para ser honesto contigo. Así es como me siento al respecto”.

Kenley Jansen (agente libre) a Los Angeles Times

 

ATLANTA.- Hace  más de un año escribí en estos mismos espacios lo siguiente acerca de los resultados del nuevo CBA: “Si me piden limitar en pocas palabras este proceso diría que siempre será una lucha que busca regular los salarios (costos) bajo un escenario encerrado en una atmósfera de penalidades que asemejan un salary cap, más si tomamos en cuenta el ínfimo crecimiento del umbral de salarios hasta 2021”.

Hasta ahora mi afirmación se consolida como una realidad que ha generado retrasos en los acuerdos contractuales que la afición espera, y que de alguna manera ha desnudado las preocupaciones en MLB sobre la manera en que los equipos “débiles” están usando el dinero recibido dentro del plan de Ingresos compartidos, mejor conocido como “Revenue Sharing Plan” (RSP), el cuál debe, según el CBA, cumplir con lo siguiente:  “Un objetivo principal del Plan de Reparto de Ingresos es promover el crecimiento del juego y la industria en un club individual y en forma agregada. En consecuencia, cada club utilizará sus recibos de distribución de ingresos (incluidas las distribuciones del fondo discrecional del comisionado) en un esfuerzo por mejorar su desempeño en el campo”.

No quiero decir con esto que los equipos pequeños son los que deben hacer las grandes contrataciones, pero es un hecho que la aversión a tomar grandes contratos pasa por razones que van aun mas allá de lo financiero, como, por ejemplo, lo que significa “mejorar su desempeño en el campo”, más ambiguo, imposible.

Los equipos grandes deben ser beneficiados o exigidos, pero nunca castigados. Los equipos débiles deben ser apoyados, no solo con una mejor posición para adquirir talento, algo que ya existe, sino con mayores recursos para invertir en el draft y en jugadores amateurs internacionales, pues la única forma de hacer sustentable el negocio para ellos es hacerlo desde abajo.

Los que regulan las Grandes ligas no han entendido esto y sus acciones delatan una supina ignorancia sobre muchos detalles acerca de la realidad del beisbol “aguas abajo”, y circunscribe su poder a solamente exigir a los equipos a mejorar su desempeño en el campo y no incentivar la inversión donde realmente está el tesoro de la corona.

Si no están de acuerdo, solamente pregúntense, ¿por qué los equipos están cada vez más reacios a darles dinero duro a jugadores maduros?

La otra regla antinatura es disminuir los presupuestos para inversión en jugadores amateurs internacionales si el equipo se excede del umbral de salarios. Tamaña incongruencia. Castigan al talento en vez de castigar al equipo. Es más, ni siquiera ese dinero va a algún fondo que permita ser comprado o usado por otros equipos débiles.

La mejor prueba de ello, lamentablemente obviada por los negociadores del CBA, es que durante el periodo 2012-2016 se pagó más dinero en penalidades del que jamás se hubiesen imaginado, y lejos de ser analizado racionalmente como una prueba del valor del talento joven y lo propenso que estuvo el mercado para gastar, aplicaron más torniquetes y penalidades, creando un tope que limita la evolución del beisbol desde donde debe crecer.

Hagamos un poco de historia. En la primera versión del reparto de ingresos (de 2002 a 2006), algunos equipos de bajos ingresos parecían estar jugando con el sistema. Si bien se supone que el dinero destinado a la distribución de ingresos se utilizaría para mejorar el rendimiento en el campo, algunos equipos parecían estar utilizando los ingresos compartidos para mejorar las ganancias sin invertir en mayores nóminas. Incuso, Forbes informó que de 2002 a 2006, los dólares de los ingresos de los Royals se duplicaron a $ 32 millones, mientras que los costos de los jugadores aumentaron solo un 6 por ciento. Asimismo, en 2006 y 2007, los Florida Marlins recibieron, según los informes, más de $ 60 millones en ingresos compartidos, según The Hardball Times, pero el equipo tenía nóminas al inicio de esa temporada por un total de $ 45.5 millones.

Hoy sigue siendo una preocupación este fenómeno y están volviendo a investigar a los Marlins. Pittsburgh aparece en escena y creo seguirán luciendo sospechoso de no invertir la ayuda monetaria correctamente. Y preocupa más aun que nadie aporte ideas para lograr que ese dinero también sea invertido en mejorar el desempeño de estos equipos a largo plazo; es decir, usarlo en toda la línea de adquisición del talento.

¿Cómo es posible que luego de que el porcentaje de ingresos compartidos haya pasado del 34% anual a una combinación de porcentajes con una base de cálculo, evidentemente más alta que involucra los ingresos de hasta tres años atrás, no se hayan buscado las compensaciones adecuadas para incentivar y no desincentivar?

En los últimos 15 años, la relación salarios/ingresos ha descendido más de un 28% y los ingresos de los equipos han subido exponencialmente. Está bien, partamos de que no es una relación que debe crecer similarmente, incluso hay algunos que se preguntan hasta cuánto ascenderán los salarios. Es ilógico que suceda que la relación no solo sea inversamente proporcional sino con una alta desviación. Díganme ustedes si esos no son argumentos valiosos de negociación para evitar los topes salariales o sus disfraces.

Ya no es como antes, que había cierta gobernabilidad sobre la toma de decisiones. Cada vez se cierra más el círculo de poder a favor de la MLB y su deseo de establecer un estereotipo propio de economías de escala, en favor de los dueños y en detrimento del talento. Los fuertes son cada vez más fuertes y los débiles cada vez más débiles.

Las penalidades están castigando al talento y no a los equipos. Nadie sabe cómo llegará esto para 2021, pero los cambios tienen que ser radicales, así como las posturas de negociación por parte del sindicato, es por ello, y por las palabras de Jensen, que nos preguntamos, ¿aparecerá de vuelta el fantasma de la huelga?

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