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Douglas Barrios y Miguel Ángel Santos, del Center for International Development de la Universidad de Harvard, publicaron “Venezuela: Anatomía de un colapso”una profunda investigación en la que explican cómo ha llegado Venezuela a la situación actual.

Entre 2014-2018 Venezuela ha sufrido un colapso productivo, que se inscribe dentro de una tendencia más larga de 40 años de fracaso económico. Pero entre 2015 y 17, se produjo la mayor caída en la historia del país, la mayor en el mundo -sin incluir Libia y Sudán- y está cerca del peor colapso mundial en 50 años (percentil 99.8%)

Los investigadores explican que mientras se producía un deterioro pronunciado y un claro estancamiento de la producción, Venezuela experimentó un boom de consumo sin precedentes.

Las exportaciones no crecían tanto con las importaciones, por lo que la diferencia se financió a través de “un colosal boom del endeudamiento externo”

De hecho, Venezuela llega al 2018 con uno de los mayores niveles de sobre-endeudamiento del mundo.

Pero con la caída en los precios del petróleo, y ya se había agotado la capacidad de endeudamiento-, las importaciones se vinieron a pique. El declive se sintió sobre todo en las importaciones no petroleras.

El nuevo escenario desembocó en una crisis humanitaria en la que, por ejemplo, las importaciones de los medicamentos cayeron un 70% en sólo cuatro años.

La de los alimentos, también cayó un 70% entre 2014 y 2016.

Así, aumentó exponencialmente la pobreza: entre 2014 y 2017, los hogares en condición de pobreza pasaron del 48,4 al 91,3 %. Y hay un 65,8% de los hogares venezolanos en pobreza extrema. Además de las cifras, la rapidez de la evolución espanta: sólo en un año, de 2016 al 2017, la pobreza extrema aumentó un 14, 3%.

“En resumen: nuestra capacidad productiva ha sido diezmada tras dos décadas de cerco productivo, expropiaciones y desinversión. Nuestra capacidad de endeudamiento ha sido agotada; dos tercios del país se encuentran en pobreza extrema, y sólo menos del 10% de los hogares no son pobres. Estamos en medio de una profunda crisis humanitaria, sin capacidad para producir ni importar alimentos ni medicinas”, explican Barrios y Santos en su lapidario informe.

 Nuestra capacidad productiva ha sido diezmada tras dos décadas de cerco productivo, expropiaciones y desinversión.

“Venezuela necesita importar alimentos, medicina para atender la crisis humanitaria, y materias primas para poner a funcionar lo que ha sobrevivido del aparato productivo nacional”, detallan. A la vez, para aumentar el consumo, inversión y gasto público para la red de atención social, se ahece imperioso aumentar de forma sostenida la capacidad de producción.

Con este diagnóstico del colapso, Barrios y Santos elaboraron un plan de recuperación, en el que la meta es “alcanzar el pico histórico de PBI per cápita de 1977.

Aún cuando la única fuente de divisas con la que cuenta Venezuela hoy en día es el petróleo, revelan que la clave está la recuperación del sector no petrolero.

“Mientras más tardemos en producir una transición política que detenga la declive , más cuesta arriba se hará la recuperación”, advierten en su estudio.
Es que el país perdió en los últimos cuatro años el 38,8% de su actividad económica per cápita y a finales de 2017 entró en hiperinflación.

En sus conclusiones, Barrios y Santos son claros: “Para promover una recuperación sostenida tenemos que entender que el chavismo bien administrado no existe y que venezuela lleva 40 años de fracaso económico, no 18“.

Además, explican las probabilidades de recuperación aumentarán significativamente con la asistencia de instituciones financieras internacionales. Advierten que todo escenario de recuperación posible “tomará más de un período presidencial” y llaman a un “acuerdo nacional para darle sostenibilidad a la reforma”.

Fuente: infobae.com

 

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