SIN BUENAS OPCIONES PARA VENEZUELA

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Por ROGER F. NORIEGA

La semana pasada en una conferencia en Miami, el director de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional, Juan Cruz, apuntó al régimen del presidente Nicolás Maduro de Venezuela.

El Sr. Cruz citó parte de la Constitución Venezolana, diseñada bajo el antecesor del Sr. Maduro, Hugo Chávez, que dice que el pueblo venezolano “desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que viole los valores, principios y garantías democráticas o invada los derechos humanos”. Él se estaba dirigiendo al ejército venezolano, implorando a sus miembros que respetaran su compromiso con la Constitución.

Pero el Sr. Cruz simplemente está enfrentando hechos. El Sr. Maduro ejerce su poder a través de la violación sistemática de los derechos humanos y el orden constitucional, lo que ha provocado un colapso económico y social y una crisis de refugiados que afecta a todo el continente. Un régimen sumido en la corrupción y el narcotráfico, cuya represión violenta de las manifestaciones en favor de la democracia en 2014 y 2017 dejó 200 muertos y miles de heridos, nunca cederá el poder voluntariamente.

En lugar de temer un golpe, la comunidad internacional debería alentar a todos los venezolanos, incluidos los soldados, a restaurar la democracia.

El status quo es inaceptable. A partir de 1999, el Sr. Chávez y el Sr. Maduro destruyeron la legislatura y los tribunales independientes; saquearon los ingresos petroleros y el tesoro nacional; causaron el colapso del sector petrolero; arruinaron la economía privada; ahogaron el suministro de alimentos y medicinas; e indujeron el éxodo del 10 por ciento de la población del país.

La Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por la oposición, la Organización de Estados Americanos y el Grupo de Lima, compuesto por 14 gobiernos regionales, han condenado este espantoso historial.

El presidente Trump ha denunciado al Sr. Maduro e instado a sus homólogos de la región a tomar medidas más concretas para presionar por el cambio. Pero Estados Unidos no puede liderar desde atrás cuando se trata de enfrentar a la camarilla venezolana que es manejada por Cuba, financiada por China, armada por Rusia y explotada por Irán, Hezbolá y narcoterroristas colombianos. Si los Estados Unidos consideran que el gobierno del Sr. Maduro es un régimen ilegítimo y criminal que amenaza la estabilidad regional, debería actuar en consecuencia.

Si bien el Departamento del Tesoro ha aplicado sanciones selectivas contra el Sr. Maduro, el Vicepresidente Tareck El Aissami y decenas de otros altos funcionarios implicados en abusos contra los derechos humanos y corrupción, las sanciones no pueden sustituir el compromiso proactivo.

Estados Unidos debería romper relaciones diplomáticas con Caracas y reconocer a los miembros de la Asamblea Nacional elegidos democráticamente como los únicos representantes legítimos del pueblo venezolano.

El equipo del presidente Trump tiene una oportunidad extraordinaria en Venezuela para liderar el avance de los valores democráticos, defender la seguridad estadounidense y enfrentar el narcotráfico a través de una estrategia que podría unir a los partidos políticos estadounidenses y la mayoría de nuestros vecinos estadounidenses. Es un desafío difícil, pero bien vale la pena el esfuerzo.

Fuente: elcolombiano.com

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