Petro, salido del lote

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No solamente hay muchos que lo siguen por sus ideas, también hay un buen grupo que por conveniencia está cerca para, como dicen en la calle, entrar a salvar los muebles.

Por: Luis Carlos Vélez
Si hoy fueran las elecciones en Colombia Gustavo Petro sería presidente. La realidad es que el candidato de la Colombia Humana les lleva mucha distancia a sus contendores que, incluido Alejandro Gaviria, tienen aún que demostrar que no son aves pasajeras del protagonismo en la conversación nacional.

Son cinco las razones que me llevan a pensar que Petro es un candidato muy difícil de vencer y que con el paso de los días, si no aparece pronto un rival de peso, empezará a marcar más y más distancia. Estas son: recorrido, plataforma, sintonía, “reacción cultural” y respaldo.

Gustavo Petro es el candidato que hoy por hoy lleva más años buscando la Presidencia de toda la contienda; tiene más tiempo que cualquiera de sus rivales diseñando un discurso y una estrategia con el único objetivo de llegar al Palacio de Nariño. Y, además, sabe, a punta de error y prueba, qué puede y qué no puede funcionar. El beneficio del aprendizaje en el tiempo es su activo más contundente.

En segundo lugar, Petro es el candidato que más estudiada tiene su plataforma de gobierno. Mientras la mayoría está buscando firmas y estableciendo equipos, es bastante claro cuáles son las posturas del exalcalde de Bogotá sobre los temas cruciales en el país. Esto quedó nuevamente evidenciado en el más reciente foro sobre lucha contra las drogas que se realizó la semana pasada en la Universidad de los Andes.

Como tercer punto, es innegable que Petro tiene una gran sintonía con sus votantes. Aunque es una realidad que el paro y las protestas afectaron su imagen, según la mayoría de las encuestas de percepción, también es cierto que quedó en evidencia un teflón que el candidato mantiene y que lo blinda prácticamente de todos los escándalos públicos, incluido el más reciente referente a su recibimiento de dinero en efectivo en bolsas de basura, que terminó siendo archivado por la Corte Suprema. Cualquier otro aspirante a ser presidente de Colombia con un video así hubiera terminado en la lona política nacional. Petro sobrevivió.

Para entender un poco más el cuarto ítem, vale la pena hacer referencia a un concepto de la citada politóloga profesora de Harvard, Pippa Norris, conocido como ‘Cultural Backlash’ o ‘reacción cultural’. Según la académica, existe una serie de factores, como el de los agravios económicos, que permiten identificar un segmento poblacional más joven que rechaza el estado actual de las cosas, en gran parte, por lo que se considera una traición de los mayores. En otras palabras, los más jóvenes son más susceptibles a dejarse atraer por los cantos de sirena del populismo que los mayores, debido a que son precisamente ellos los que más sufren la inequidad, la falta de oportunidades laborales y la corrupción. Petro les habla al oído y es capaz de sacarlos a la calle.

Y, por último, Gustavo es el que cuenta con más respaldo. Sí, con más respaldo. No solamente hay muchos que lo siguen por sus ideas, también hay un buen grupo que por conveniencia está cerca para, como dicen en la calle, entrar a salvar los muebles. A esto se suma su tarea juiciosa y efectiva de acercarse a los más importantes círculos económicos del país. Aunque los grandes empresarios aún no se atreven a evidenciar para dónde terminarán señalando sus preferencias, es claro que muchos ya decidieron ponerle una veladora. Cada vez es más común y al mismo tiempo sorprendente escuchar a importantes dueños de empresas decir cosas como: “bueno, la realidad es que Petro no es tan malo”, “no todos los experimentos de izquierda en América Latina han sido tan malos, una cosa es Venezuela y otra es Perú”, o “Colombia es un país de instituciones y de división de poderes. Petro no será un rey con carta blanca para gobernar”.

Esta no es una columna para repetir que soy muy crítico de sus postulados, que me asusta enormemente su admiración al socialismo del siglo XXI y que su intolerancia y falta de autocrítica fácilmente lo definen como un autócrata en potencia, tal y como lo describe la categorización de líderes que presenta el análisis de los profesores Ziblatt y Letvitzky en su muy influyente libro Cómo mueren las democrácias, sino que se trata de un escrito para dejar claro que si hay alguien que está haciendo la tarea de una manera efectiva de cara a la contienda electoral es precisamente él: Gustavo Petro.

Así las cosas: ¿qué va a hacer el resto?, ¿son realmente conscientes de esta realidad sus adversarios? La tarea que tienen es enorme frente al cada día más fuerte representante de la Colombia Humana. Si no empiezan a pensar en una estrategia de unificación en lugar de una de atomización, quedarán cada día más lejos de la competencia. Como se ven de bien hoy Juan Carlos Pinzón y Marta Lucía Ramírez que declinaron de sus aspiraciones entendiendo que no tenían juego real y que podrían contaminar más un espacio atiborrado de candidatos improbables.

Hoy por hoy los rivales de Petro son muchos y muy pocos valen la pena. Si realmente quieren ganar, tienen que empezar a alinearse tras uno y empujar para el mismo lado. Apúrense. Por ahora Petro les va ganando y por goleada.

Tomado de Semana

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