¿De dónde viene y a dónde pretende ir?

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Armando Martini Pietri

Sin caer en el agotado, latoso argumento de que tuvo su oportunidad, la malbarato y despreció; fue respaldado por electores que luego como artista del engaño, traicionó, abandonó, dejó en la estacada. Aquél fue un momento de gloria memorable para el antichavismo, doloroso y de confusión para el chavismo. Un joven burgués, dirigente opositor, había enfrentado al mito, la leyenda, el invencible comandante y logró imponerse. La revolución se desplomaba en democracia por arrojo y decisión ciudadana.

Pero no sucedió así, quizás sufrió o percibió amenazas, chantaje, extorción, tal vez los hálitos de la fiera fueron excesivos, pero hay un hecho cierto, las elecciones que todos creyeron ganadas se dejaban tiradas en el piso como basura mal oliente, una burla de la que pocos se recuperarían y de la estafa a la desvergüenza de mentir para justificar, esconder responsabilidades, quien iba a ejercer de Presidente del rescate y renovación, escurrió el bulto.

“Se le aguó el guarapo”, rezongó un viejo, que había llegado a ver en aquél voluntarioso alcalde y gobernador al verdadero relevo del Pacto de Puntofijo, que incluso rememoró con mente lúcida, ojos resplandecientes, cataratas apagadas de añejos tiempos de juventud, cuando más de una vez se cayó a golpes e insultos con el descarado comunismo universitario en defensa de la libertad y la democracia.

Días después, libando líquido de color ambarino, el vetusto que moriría sin conocer al interinato, hacía un devastador y cruento análisis de la especie que dirige la oposición; de las expectativas ciudadanas de este tiempo, independiente de su condición social.

La situación ha cambiado drásticamente en estas últimas décadas, desde cuando los intelectuales en vez de guiar a un pueblo de ignorantes, ingenuos y mal acostumbrados a un Estado que alardeaba de rico y botarate; lo alarmaron, le sembraron suspicacias sin soluciones diferentes a las de siempre, cuando articulistas y opinadores de los medios de comunicación, entendían el oficio como negocio motorizado por el rating, no como vocación y compromiso; cuando los curtidos se fracturaron, sin entender lo que estaba pasando, desamparando a un país que buscaba evolución, reforma, y por un mal explicado aumento de la gasolina como chispa, estalló el llamado “caracazo” que terminó en baño de sangre, un gobierno debilitado y una democracia sin respuestas.

Muchos creyeron, confiaron que los nuevos dirigentes políticos eran dignos sucesores de aguerridos luchadores que plantaron cara a dictaduras y dictadores militares, que forjaron con su sangre, sacrificio y talento político la democracia que por años nos cobijó y respetó. Pero había nombres y declaradores, con profundidad de pensamiento, generosidad patriótica y firmeza de conductores. Teníamos políticos, no guías.

Incapaces de una sincera autocrítica, cuando esos vacíos anegan pueblos, surgen las armas que siempre salvan la patria con disparos, prisiones, arbitrariedades, control. Y en el caso venezolano, corrupción.

La desgracia dirigencial no es estúpida, sólo producto y reflejo de un país que dejó morir lentamente su propia democracia tan duramente forjada, que combatió a insurgentes como los ancianos habían combatido a los tiranos locales cuando eran jóvenes pero nunca capaces de marcar un camino innovador, confiable, persistente. Deshonestos narcisistas, se degeneraron y hoy corrompen hasta la verdad. Por eso hablan de unidad pero no la consolidan, caen en la trampa de un régimen que no gobierna con ideal político sino con la maldad astuta del mafioso, que miente descarado y después engaña sobre sus mentiras, que nada bueno hace bien y ejecuta a plenitud todo lo malo.

El interinato, atenazado por dirigentes vanidosos y aprovechados materialistas que hacen su propio futuro con artimañas del pasado, ha tenido al menos el valor de no negar los errores que su propio entorno acomodaticio y sinvergüenza lo llevó a cometer, consciente de que su única y verdadera ayuda viene de Washington. María Corina Machado es puesta contra la pared, tratan sin éxito de ignorarla porque a nadie le gusta la voz del conocimiento que tiene de sí misma y de su entorno, mucho menos cuando es directa e intransigente. Además, la verdadera conciencia de todos es la Iglesia Católica que orienta pero no gobierna.

Esta desventura infortunada es efecto de esa problemática. Políticos de poca monta, vanidosos, sin quilates, dicen y manipulan lo que creen los ciudadanos quieren escuchar pero no convencidos de que ése es el camino a seguir, sino porque instituyen es su propia vía.

Tomado de La Patilla

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