¿Enloquecen los colombianos?

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Armando Martini Pietri

Los tenemos aquí mismo, al lado, en la vecindad. Saboreamos comidas similares, disfrutamos y escuchamos música parecida, poseemos folklore afín. Discutimos, a veces no nos entendemos, pero conservamos los mismos padres. Cuando los colombianos necesitaron huir de la brutalidad guerrillera y un estado azaroso, vinieron a Venezuela donde consiguieron acogida, obtuvieron trabajo, lograron amabilidad y simpatía. Cuando los venezolanos abandonan al miserable régimen que ha hecho de la tortura, presos y exiliados políticos, corrupción, torpeza y errores un modo de regir, es en Colombia donde encontramos atención cordial, paciente, de autoridades amistosas, colaboradoras y comprensivas.

Inadmisible callar al observar con angustia e inquietud cómo algunos de ellos, y otros dirigentes, enceguecen ante las faltas políticas de sus hermanos y fortalecen candidaturas presidenciales que, como anuncian sin rubor ni pudor, será hogar del Cóndor de los Andes, otra nación chavista. Hay protagonistas que crecen frente a las dictaduras: los que con valentía y coraje la enfrentan, con valor se oponen aun a riesgo de sus vidas, y quienes con carácter, tienen la coherencia, sabiduría y fuerza, para evitar lleguen al poder. ¡La libertad no tiene precio!

Que los colombianos den respaldo a un exguerrillero inepto y resentido, participante años atrás del asalto sangriento en Bogotá, y que ahora sonríe entre alardes comunistas del Foro de Sao Paulo, Grupo Puebla, fidelismo cubano, socialismo bolivariano del siglo XXI y castro-madurismo, es, motivo de ansiedad, desvelo e intranquilidad para quienes llevan años tratando de librarse del nauseabundo y putrefacto sistema castrista. La mejor forma de derrotarlo es mirar hacia Cuba, Venezuela, Nicaragua. Porque apoyar la falsedad bribonada, la estafa llamada “Colombia Humana” y al socialismo que representa, es ir contra Colombia, sus intereses, sus ciudadanos decentes, de principios éticos-morales y buenas costumbres.

Oligarca de nacimiento, ingrato de corazón, de apellido sagrado, pactó con guerrillas para lograr algo de paz; esplendores de alabanza y curules parlamentarios, sin un voto, para guerrilleros que hoy cobran estipendios de los ciudadanos a los cuales violaron, atracaron, torturaron, asesinaron y secuestraron, quebrantando derechos humanos. Fue un compromiso cobijado y avalado por La Habana con su alma perversa, colaboradora de tormentos y control de pueblos; señal de la lejanía conceptual europea que otorga premios no por lo que se hace sino por lo que interpretan se hace. Se conoce como pensamiento ilusorio (wishful thinking); si tuviera pundonor y vergüenza habría rechazado el inmerecido Nobel o, al menos, devuelto. A pesar, hay colombianos involucrados con el cleptómano enriquecido por el chavismo y enriquecedor del castro-madurismo que proponen llevar a un castrista-chavista sin uniforme a la Presidencia colombiana, con el mismo discurso retrógrado, anticuado y despectivo de su mentor charlatán.

Votar, elegir a un comunista, socialista y chavo-castrista, es traicionar la historia compleja pero democrática, dedicada y hacendosa de los colombianos. Es amenazar a Venezuela y al resto de América Latina con clavar la bandera de lo canallesco y ruin en lo alto de Colombia, además de sembrar zozobra en un continente que, aunque avance hacia la democracia, ya tiene demasiadas opresiones, caudillismos, despotismos y tiranías a cuestas. Y los venezolanos que luchan por rescatar la democracia, libertad y dignidad, no pueden ignorarlo. Venezuela 20 años, Nicaragua 15, Cuba más de 60 sufriendo la miseria socialista. Colombia no caigas, nunca permitas que tu hermosa patria se hunda en esa maldición.

El socialismo bolivariano del siglo XXI es responsable de la peor recesión, miseria inhumana, hambre atroz y desesperación brutal, no puede seguir burlándose en las narices de la ciudadanía a la cual engaña con descaro, y engatusa cada vez más.

El hampa actúa con plena libertad e impunidad, el hambre y la miseria son testigos permanentes, activos participantes. La idiotez no parece tener límite. La dictadura comunista no permite que la gente se manifieste libremente queriéndola imponer en la nación de la orquídea y palma de cera.

Es tiempo de alborotar a los altísimos sacerdotes del proceder, manumisión y libertad.

Tomado de El Nacional

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