Antonio Ledezma
La lucha que han venido dando millones de venezolanos tiene un objetivo fundamental y no es otro que la recuperación de la libertad plena que no existe en nuestro país. Todas las manifestaciones protagonizadas durante este largo trance de sacrificios, han sido motivadas por la alta e intraficable responsabilidad de los ciudadanos que nos resistimos a doblegarnos ante un régimen que siempre ha tenido en mente apoderarse, no solo de las instituciones públicas, ahora secuestradas por esas mafias, sino también de la existencia de los seres humanos con cuyos derechos elementales juegan de la manera más abominable.
Cuando los padres y representantes tomaron las plazas públicas para corear la consigna “con mis hijos no te metas”, se actuaba conforme a los valores de la libertad que pretendían conculcarles a nuestros niños en las escuelas que Chávez y sus acólitos se proponían transformar en aulas-laboratorios con instructores adiestrados con el guion de sus cartillas politiqueras. La ciudadanía se alzó, con coraje y con una férrea unidad de propósitos condenando esa operación de lavado de cerebros de nuestros muchachos. Esa ha sido una lección de civismo y de arrojo de las miles de mujeres que presidían esos eventos desafiando la fuerza bruta de unos gobernantes autoritarios que se creían en capacidad y condiciones de hacer lo que les viniera en ganas con el futuro de la juventud venezolana.
Cuando Franklin Brito se declaró en huelga de hambre lo hizo igualmente basado en principios. Eso fue lo que lo inspiró y motivó a poner en riesgo su vida. A él lo conocí a las puertas de la sede de la OEA en Caracas, momentos antes de iniciar la protesta que de esa misma naturaleza inicié el día 3 de julio de 2009 en las dependencias de esa institución de rango internacional. No olvidaré jamás que Franklin me dijo “mi lucha no es, simplemente, por unas hectáreas de tierras, es por la libertad de Venezuela y si tengo que ofrendar mi vida por ella lo haré gustosamente”. Franklin demostró que era un hombre de firmes principios. Se la jugó y perdió su existencia tratando de ayudar a que la libertad y los principios de justicia y propiedad privada, sobrevivan ante una tiranía que se empeña en oscurecer nuestro panorama.
La lucha que han venido dando millones de venezolanos tiene un objetivo fundamental y no es otro que la recuperación de la libertad plena que no existe en nuestro país. Todas las manifestaciones protagonizadas durante este largo trance de sacrificios, han sido motivadas por la alta e intraficable responsabilidad de los ciudadanos que nos resistimos a doblegarnos ante un régimen que siempre ha tenido en mente apoderarse, no solo de las instituciones públicas, ahora secuestradas por esas mafias, sino también de la existencia de los seres humanos con cuyos derechos elementales juegan de la manera más abominable.
Cuando los padres y representantes tomaron las plazas públicas para corear la consigna “con mis hijos no te metas”, se actuaba conforme a los valores de la libertad que pretendían conculcarles a nuestros niños en las escuelas que Chávez y sus acólitos se proponían transformar en aulas-laboratorios con instructores adiestrados con el guion de sus cartillas politiqueras. La ciudadanía se alzó, con coraje y con una férrea unidad de propósitos condenando esa operación de lavado de cerebros de nuestros muchachos. Esa ha sido una lección de civismo y de arrojo de las miles de mujeres que presidían esos eventos desafiando la fuerza bruta de unos gobernantes autoritarios que se creían en capacidad y condiciones de hacer lo que les viniera en ganas con el futuro de la juventud venezolana.
Cuando Franklin Brito se declaró en huelga de hambre lo hizo igualmente basado en principios. Eso fue lo que lo inspiró y motivó a poner en riesgo su vida. A él lo conocí a las puertas de la sede de la OEA en Caracas, momentos antes de iniciar la protesta que de esa misma naturaleza inicié el día 3 de julio de 2009 en las dependencias de esa institución de rango internacional. No olvidaré jamás que Franklin me dijo “mi lucha no es, simplemente, por unas hectáreas de tierras, es por la libertad de Venezuela y si tengo que ofrendar mi vida por ella lo haré gustosamente”. Franklin demostró que era un hombre de firmes principios. Se la jugó y perdió su existencia tratando de ayudar a que la libertad y los principios de justicia y propiedad privada, sobrevivan ante una tiranía que se empeña en oscurecer nuestro panorama.
Tomado de La Patilla


