El Canibalismo de la Derecha: El Caballo de Troya que Petro no tuvo que comprar

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El Canibalismo de la Derecha: El Caballo de Troya que Petro no tuvo que comprar

La política colombiana ha mutado en una guerra de guerrillas digitales donde el enemigo ya no solo está en la acera de enfrente, sino durmiendo en la misma cama. Las recientes declaraciones de Tomás Uribe no son un simple berrinche familiar; son el acta de defunción de una unidad que, hasta hace poco, parecía la única tabla de salvación frente al proyecto del Pacto Histórico.

La denuncia es grave: una facción de la derecha, liderada por Abelardo de la Espriella y secundada por estrategas como Carlos Suárez y Enrique Gómez, estaría financiando una “bodega” de influenciadores para demoler la figura de Álvaro Uribe Vélez y fragmentar al Centro Democrático. Si esto es cierto, no estamos ante una renovación de liderazgos, sino ante un ejercicio de sicariato moral que solo tiene un beneficiario final: Gustavo Petro.

Tomás Uribe ha puesto sobre la mesa una realidad estadística que muchos líderes de opinión prefieren ignorar. Con una izquierda consolidada en un 35%, una derecha que apenas llega al 25% y un océano de independientes del 40%, el cálculo es simple: la derecha no puede ganar sola, y dividida, ni siquiera puede competir.

Atacar al Uribismo desde la misma derecha para buscar un “voto puro” es una fantasía suicida. El votante independiente, ese que define las elecciones en segunda vuelta, no busca una derecha radicalizada que se devora a sí misma; busca orden, seguridad y una alternativa viable al caos gubernamental. Al presentarse como una jauría en disputa, la oposición le está enviando un mensaje claro al centro: “No somos capaces de gobernarnos entre nosotros, mucho menos de gobernar el país”.

Resulta irónico, por no decir sospechoso, que quienes hace apenas unos meses buscaban el aval del Centro Democrático y proponían al expresidente Uribe como fórmula vicepresidencial, hoy dediquen sus recursos a “quemar” su legado. ¿Es una estrategia de identidad o un favor pagado al oficialismo?

Debilitar a figuras como Paloma Valencia, quien ha intentado mantener puentes de unidad, es dinamitar el futuro del país en 2026. La táctica de De la Espriella y compañía parece ignorar que en política el espacio que uno deja vacío, lo ocupa el adversario. Si logran destruir la base del Uribismo, no heredarán sus votos; simplemente habrán pavimentado el camino para que el “heredero” de Petro camine sin resistencia hacia la Casa de Nariño.

La oposición colombiana debe decidir hoy mismo si quiere ser gobierno o si quiere ser una nota al pie de página en la historia del Petrismo. El “fuego amigo” es el lujo que solo pueden darse quienes no tienen nada que perder. Colombia, con una economía golpeada y una seguridad ciudadana en cuidados intensivos, no tiene ese lujo.

Si la derecha no es capaz de subordinar los egos de sus estrategas y los contratos de sus influenciadores a una visión de país, entonces merece la derrota. La matemática no miente, pero la soberbia ciega. Es hora de que la oposición deje de jugar al canibalismo y empiece a jugar para Colombia. ¿Le apostamos a la unidad o le seguimos haciendo el juego a Petro?

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