En este contexto, el diplomático sostuvo: «Como un ritual sin misa, la voz de Argentina se levanta nuevamente, como lo hemos realizado desde hace muchos años desde esta misma banca, para denunciar la violación sistemática de derechos humanos en Venezuela, que ya se ha convertido en un hábito y práctica muy penosa, casi la materia prima de su política».
Y marcó que «ni siquiera es necesario apelar al pasado para observarlo, ya que esta situación es parte de nuestro propio presente. Y el presente, señor Presidente, no necesita memoria. Como una máquina caprichosa del tiempo, en Venezuela no solo se ha logrado generar incertidumbre sobre el futuro, sino también sobre el pasado».


